Augusto Pantarotto se recibió como arquitecto en el año 1963 y desde ese momento comenzó una exitosa carrera que incluye la proyección y dirección de reconocidas obras a nivel nacional e internacional, numerosos premios y distinciones, además de la convocatoria para participar en muestras de arquitectura, postgrados, congresos, jornadas y conferencias nacionales e internacionales.
Su obra construida supera los 350.000m2 y abarca edificios públicos, centros comerciales, oficinas, viviendas individuales y colectivas, edificios propiedad horizontal, hoteles, bancos, sanatorios, además de diseño mobiliarios. Realiza diferentes obras privadas en distintas ciudades del país y en el exterior, que han sido publicadas en revistas especializadas.
En 1992 obtuvo el 1er premio Concurso edificio departamentos y sede filial 2 del ex Banco Comercial Israelita S.A. En 1993, el 1er premio concurso Estación de Omnibus Ciudad de Posadas, (16.000 m2 cubiertos y 70.000 m2 de planificación ).
Entre 1995 y 1999 ocupó el cargo de Subsecretario y Secretario de Planeamiento de la Municipalidad de la Ciudad de Rosario. Bajo su gestión se llevó a cabo la construcción del Centro de Emergencias Médicas Ambulatorias (CEMA), el Paseo del Caminante, entre otras obras.
Ex presidente de la Federación Argentina de arquitectos,
En la actualidad dirige su estudio profesional, en el cual desarrolló el proyecto de las torres Delfines Guarani, en Puerto Norte, a punto de ser inuguradas.
En charla con Ciudad en Obras, el arquitecto Pantarotto nos dio su perspectiva del trabajo y ofreció algunas opiniones acerca de la arquitectura de la ciudad.
¿Qué tipo de obra prefiere proyectar?
El que diseña se dedica a hacer eso, por lo que cada obra presenta un nuevo desafío. Te metés en el tema sin necesidad de tener experiencia en ese tipo de obra.
¿Hay un estilo que defina su forma de trabajo? ¿Tienen sus obras un sello personal?
Me inclino por una arquitectura actual que no repita modelos de otras épocas. Nunca me permitiría hacer una casa o un edificio estilo francés. Creo que lo que proyecto puede ser reconocido y eso producto de la consecuencia de aplicar una manera de proceder, de pensar y de concebir la arquitectura.
Si es que se puede repetir un estilo, ocurre al volver a aplicar conceptos y un vocabulario que se relaciona con el manejo de las formas. Si vos cargas con las mismas ideas y conceptos, la obra será parecida a otra pero en un contexto diferente en lo que lo proyectado se relaciona con las cosas que ya están construidas o que pueden llegar a venir.
¿Cómo es la relación con el cliente? ¿Nota un cambio en la demanda a luego de tantos años de trabajo?
Hay clientes que creen y se entregan totalmente y otros que primero quieren ver. A esta altura, mucha gente me busca porque saben lo que puedo llegar a hacer. Pude notar que los clientes han aprendido y saben lo que quieren. Esto lo atribuyo a una mayor oferta. Hay gente que en su propia vivienda vuelca mucho de sus deseos, siempre relacionado con lo que su bolsillo le permite adquirir.
¿Qué es lo que se tiene primero en cuenta? ¿Lo funcional, lo estético, el entorno?
Es todo junto. Tenés un programa de trabajo, un sitio, reglamentaciones y orientaciones a las que hay que responder. Hay que hacer una síntesis de todas esas exigencias y transformarlas en una solución volumétrica que cobije todo eso.
¿Se respeta el contexto de la ciudad en cada construcción que se realiza?
No siempre. Pero creo que en los últimos años se ha avanzado en este sentido. Las últimas camadas de arquitectos se preocupan más por la ciudad, que piensan. Por su parte, la Municipalidad, a comienzos de la democracia en el año 83 fue muy coherente en este sentido. El resultado de eso es, por ejemplo, fue la colonización de la costa.
Sin embargo, cuando uno mira la ciudad hay obras y edificios que parecen forzadas, que no encajan con el entorno urbano...
La presión inmobiliaria siempre está forzando las posibilidades, pero siempre hay un código y un Municipio que tiene que regular lo que se construye. Cómo se incorpora al sitio cada obra, después de cumplir con esas condiciones básicas, es un problema que tiene que ver con la sensibilidad del arquitecto que lleva adelante ese diseño y como se relaciona su proyecto con lo que está al lado. No hay buen código que pueda con un arquitecto malo. Y no hay código que pueda con un arquitecto bueno.
En los últimos años se nota un trabajo interesante en cuanto a la preservación del patrimonio arquitectónico...
Digamos que ahora están respetando lo que queda. Además, se comete el error de proteger el edificio como objeto independiente, cuando es más que pintarlo y restaurarlo. Hay que preservarlo contemplando lo que se construye al lado. Por otro lado, construir arriba no es protegerlo, es pisotearlo, destruirlo.
¿Cómo está posicionada la arquitectura de Rosario en comparación con otras ciudades?
Si la comparamos con las ciudades del interior del país, la arquitectura de Rosario está muy bien. No existen lugares del interior que tengan una presencia como las cuatro esquinas de Corrientes y Córdoba, que contengan ese desarrollo y esa calidad de obra, construidas en el siglo pasado.
Sin embargo, en lo urbano no se compara con las grandes capitales. Aquí no se prevén espacios que permitan ver la ciudad en su totalidad, no hay perspectiva. Siempre estamos metidos adentro. No se piensa en el conjunto de la ciudad, no hay coherencia en las intervenciones. Y para visualizarlos hay que tener cierto entrenamiento en el diseño y en la ejecución.