Es bastante usual oír que hay que abrir los brazos a las inversiones, que las autoridades de la ciudad y provincia deben tomar todas las medidas para que una propuesta de inversión se concrete. Esta es una idea que establece que el crecimiento urbano a ultranza implica unívocamente una mejora de las condiciones de vida de la población, y es fuertemente incentivada por la propaganda mediática.
Sin embargo es una hipótesis subjetiva ya que no en todas las ciudades que han tenido un fuerte desarrollo edilicio o industrial, basado en fuertes inversiones, las condiciones de vida de la mayoría de la población mejoraron correlativamente. De hecho, en muchas ciudades de ese tipo las clases más pudientes se desplazan a la periferia, huyendo del deterioro urbano, encerrándose en Clusters (barrios, condominios cerrados o clubes privados), o en el caso del turismo en complejos hoteleros aislados del medio.
Paralelamente se produce el mismo efecto en las clases más bajas, ubicándolas en sectores marginales de la ciudad, escasos en servicios, alejados de sus probables trabajos, y en lo posible escondidos de los ojos de los visitantes, sobre todo si es una ciudad turística. En esos barrios hay escasas posibilidades laborales, y la mayoría de las actividades son las que otras clases sociales no aceptan, por tanto generando sectores que llegan a ser incluso cerrados o aislados, en algunos casos impidiendo o dificultando el ingreso a las autoridades, ya sean de seguridad o administrativas. Paradójicamente los que dirigen y coordinan el accionar público aceptan este proceso y dejan libradas a su suerte esas zonas.
El objetivo de cualquier inversión es económico y apunta a lograr una rentabilidad, cuanto mayor y más pronto, mejor. Este es el principal objetivo del inversor y es común que su proyecto trate de aprovechar al máximo las condiciones naturales, de infraestructura y sociales locales, o que para concretarse exija inversiones públicas en forma de infraestructura adicional o desgravaciones. En cambio no es común que en la ponderación de un proyecto se analicen con precisión e independencia las ventajas y desventajas que el mismo puede tener para el medio social o natural donde se desarrollará.
Considerando el caso de las inversiones en turismo, el impacto de las grandes inversiones, en particular las llamadas inversiones de enclave, se puede observar en el ámbito económico, político, social, cultural y ambiental [1]. El turismo es uno de los fenómenos sociales más significativos de nuestro tiempo, que muestra un crecimiento sostenido en todo el mundo. Capitales que constantemente buscan nuevos espacios para conquistar y para desarrollar sus planes de explotación turística, no siempre lo hacen en forma responsable o en beneficio para la comunidad en la que se emplazan. Por supuesto, esas inversiones pueden generar algún porcentaje adicional a las ofertas laborales, pero no siempre son compensadas en igual medida, sufriendo en algunos casos perjuicios irreparables, o daños en aspectos que son de por sí irrecuperables, ya sea ambiental o socialmente, o en la imagen. Es usual que haya un desbalance entre los beneficios que obtienen los grandes emprendimientos en relación a los beneficios que ofrecen a las comunidades en que se emplazan [2].
Los impactos económicos se pueden clasificar en positivos y negativos, los primeros se refieren a la entrada de divisas, generación de empleos, mejoramiento de la infraestructura, estímulo a la actividad empresarial, dinámica económica regional. Entre los impactos negativos más significativos se encuentran el incremento de las importaciones, el poco o nulo uso de materiales y/o mano de obra comercializado u ofrecido localmente, distorsiones en el mercado laboral, limitaciones en la inversión pública, sobrecarga de la infraestructura de servicios públicos, insuficiente vivienda, inflación, alta especulación sobre las tierras y bienes inmobiliarios, en especial en zonas turísticas y espacios con alta demanda.
En el ámbito socio-cultural, los impactos se observan en modificaciones a la estructura poblacional, cambio de la cultura, normas de comportamiento y valores tradicionales, incremento de la prostitución, inseguridad, delincuencia, tráfico de drogas, exclusión y marginalidad, estratificación social con pérdida de posición por parte de la población local. La población originaria en muchas ocasiones se transforma en servidumbre de los nuevos dueños de la tierra y/o de las empresas turísticas de mayor envergadura, choque generacional; las nuevas generaciones prefieren ser empleados en la actividad turística que realizar otro tipo de actividades tradicionales, conflictos étnicos y xenofóbicos, grandes contrastes entre pobreza y riqueza.
En lo político, se presentan modificaciones a las estructuras tradicionales mediante la incorporación de nuevos grupos de poder externos a la ciudad, esos nuevos propietarios de las tierras y de la planta turística inciden en las formas de organizar y ejercer el poder en las regiones donde se asientan los desarrollos turísticos, generando conflictos de diversa índole. Paralelamente al poder económico que evidencian estos grupos, se ve un escaso o nulo poder político que pueda equilibrar esta situación. Cuando los inversores expresan la intención de llevar adelante un proyecto (el cual obviamente ya está estudiado desde su punto de vista empresario y les asegura ganancia) pueden ofrecer hacer algunas mejoras públicas, o aceptar algunos requisitos expresados por el gobierno de turno, pero sabe de antemano que a cambio podrá exigir mayor cantidad de metros cuadrados o algún tipo de excepción que le compense económicamente.
Por parte del poder político se cree normal o muy lógico este tipo de intercambio y se cree que la comunidad lo entenderá, y que los beneficios ofrecidos por la empresa podrán ser identificados por la comunidad como un logro del gobierno de turno y no un intercambio u otorgamiento de favores. Sin embargo nunca se toman en cuenta todos los factores que intervienen en dichos proyectos, sobre todo cuando son de gran envergadura y evidencian un proceso de fuerte impacto en la zona, no solo posiblemente a nivel ambiental, sino en las normas de la comunidad, la calidad de vida, u otros parámetros que no se toman habitualmente en cuenta.
En lo ambiental, los impactos se presentan en distintos momentos y escenarios, de manera directa se observa pérdida de bosques y humedales, aglomeración excesiva de las construcciones, contaminación escénica, alteración de ecosistemas, contaminación por líquidos servidos, desechos sólidos y emisiones a la atmósfera, el transporte masivo tiene gran influencia en esto último, depredación de flora y fauna en general, sobreuso del suelo, vertederos de aguas negras a los cuerpos acuáticos por urbanizaciones o embarcaciones, modificación del paisaje, entre otros. Muchos de esos proyectos pueden producir perjuicios que afectan al medio ambiente en el largo plazo, con efectos que durante años no son visibles y que no pueden demostrarse sin estudios muy detallados.
Mientras la actividad turística se conciba como un fin económico y no como un medio para el desarrollo integral de la sociedad, será difícil que se refleje en un verdadero desarrollo local y más aún cuando en la planificación de la actividad turística y de la ciudad toda, se deje de lado la participación de los habitantes y solamente se tomen decisiones a nivel central y tecnocrático como es el caso de mega proyectos, en donde centralmente intervienen los sectores de mayor poder, sean político, empresario y/o profesional [3].
Para lograr un desarrollo turístico equilibrado y sostenible se requiere que la comunidad lo oriente y que el basamento social y cultural existente impregne la concepción de los proyectos y la ejecución de los productos turísticos. Es claro que este objetivo es prácticamente imposible de lograr si no existe un control estricto de las inversiones, especialmente aquellas originadas en capitales externos.
Por esto es esencial exigir que en la evaluación de los proyectos de inversión turística se utilicen procedimientos que consideren todos los niveles de impacto económico, social y ambiental en el medio. Además estas evaluaciones deben ser hechas por equipos especializados independientes, designados por las autoridades locales y con cargo al posible inversor, con la participación de los sectores de la comunidad que se vean afectados o sean representativos de la problemática que pueda ser de aplicación. En este sentido los grupos que deban realizar los estudios de factibilidad podrían aplicar métodos conocidos y más abarcativos que los puramente físico-geográficos como puede ser el MML, "Metodología del Marco Lógico" por ejemplo, aplicado por el Instituto Latinoamericano IPLES, en Chile [4].
[1] CASTRO ÁLVAREZ, Ulises. (2007): "El turismo como política central de desarrollo y sus repercusiones en el ámbito local: algunas consideraciones referentes al desarrollo de enclaves turísticos en México". TURyDES Vol 1, Nº 1
[2] DIECKOW, Liliana María. (2010) "Turismo, un Abordaje Micro y Macro Económico".
http://www.eumed.net/libros/2010b/678/Los%20enclaves%20turisticos.htm
[3] DACHARY, Alfredo. (2006): De la sociedad del espectáculo a la globalización. Universidad de Guadalajara. México.
[4] ORTEGÓN Edgar, PACHECO Juan Francisco, PRIETO Adriana. (2005) "Metodología del Marco Lógico", IPLES, Santiago de Chile.
Esta opinión la escribieron y publicaron en los medios de la ciudad los VECINOS EN DEFENSA DE BAHÍA SERENA Y LAS COSTAS LIBRES
G. P. S. - GRUPO DE PLANEAMIENTO SUSTENTABLE