Hace una semana la ciudad tuvo el privilegio de recibir a destacados arquitectos de Latinoamérica y Europa, que se reunieron en Rosario para participar del Congreso Internacional de Arquitectura Latinoamericana CIAL 2010 Hábitat y Vivienda.
El arquitecto Maniel Fernández De Lucco (ex Secretario de Planeamiento de la Municipalidad de Rosario, Consultor en Urbanismo con una prestigiosa y reconocida trayectoria en la profesión) fue el encargado de coordinar la mesa donde se habló de la Vivienda y Contexto. La vivienda como espacio residencial de las ciudades y la manera en el que el contexto condiciona su construcción. Ciudad en Obras entrevistó al arquitecto Manuel Fernández de Lucco para conocer la mirada que tiene sobre este tema.
Más que el contexto en la construcción de la vivienda, usted habla de la vivienda como contexto, ¿a qué se refiere?
La vivienda es el espacio residencial de las ciudades y el más abundante y más determinante de la condición de lo urbano y de la ciudadanía. Y es la que está más ligada de manera más intima a la experiencia individual y colectiva. Entonces, proyectar o estudiar el campo de vivienda, requiere asumirla como una producción de un nuevo contexto más que un cimiento o continuidad del contexto existente.
Hay una cuenta que de tan obvia no se hace, las ciudades están hechas mayoritariamente de casas. Por lo tanto ocuparse de ellas es ocuparse del material más abundante en la conformación de las ciudades, sobre todo en esta época se ha superado holgadamente la proporcionalidad entre población rural y urbana para definitivamente hablar de un mundo urbanizado.
Entonces, en vez de que la casa esté hecha a medida del usuario, el foco debería ponerse en el espacio urbano…
Cuando los arquitectos concentran su atención en los detalles de la vivienda a medida, están ocupándose de una minoría poco significativa de lo que es su gran trabajo, que es ocuparse de esta condición o de este valor de la vivienda. Parece que la vivienda es un problema y la ciudad es otro, de las cuales se ocupan distintas disciplinas.
Lo que yo planteo es que cuando se proyecta la construcción de la casa contemporánea se debe incorporar esta condición de urbanidad, del ciudadano que la habita, del edificio, de la construcción como material de la ciudad.
Desde este punto de vista, ¿qué ocurre con lo que se está construyendo actualmente en Rosario?
En esta ciudad, hay un sector del mercado, que utilizando como analogía a los automóviles es un Renault 12, que son los departamentos de 1 y 2 dormitorios que van de los 60 mil a los 100 mil dólares. El consumidor sabe que se compra eso y es lo mayoritario en materia de inversión. Este tipo de construcción se produce en zonas que se eligen por los servicios, el transporte, las escuelas, y cierta seguridad. En este espacio las reglas ya están establecidas, ya sea por los vecinos o por el código urbano.
Hay otro material que es la ciudad de menor intensidad, que es el tejido de casas individuales bifamiliares o trifamiliares. Es un mercado que autoconstruye como una forma de ahorro, con un tiempo más largo de construcción, donde no hay economía para que actúe un capital financiero. Aquí también hay reglas establecidas, hay menor oferta de servicios, pero mayor actividad de la vida familiar dentro de la casa. El que vive en estos sectores desarrolla sus actividades cotidianas (desayunar, lavar la ropa, almorzar) dentro de la casa, a diferencia del que vive en el centro, que hace esas cosas afuera. Este material también suma a la ciudad.
¿Cómo se encuadran en este contexto, aquellas viviendas que construye el Estado y los asentamientos irregulares?
Luego tenemos al resto de la ciudad, donde hay una incidencia del Estado en la provisión de viviendas y donde opera la marginalidad e irregularidad. Es un problema de salvataje individual sin red colectiva y es una pérdida de ciudadanía, que tiene que ver con resultados políticos.
En los últimos 40 años para acá tenemos a los FONAVIS, las construcciones del Banco Hipotecario que desarrollaron algunas empresas y los asentamientos irregulares, que son alrededor de 150 mil, que representan la cantidad de habitantes de la tercera ciudad de la provincia.
Esto no es parte de la ciudad, sino una anomalía, no porque los que vivan allí adentro no sean personas sino porque no tienen acceso o no hay un argumento de que esas casas sumen a la ciudad.
Yo creo que esos son los temas poco ortodoxos que la arquitectura tiene que incorporar a su saber.
¿Cuál es su visión respecto a las grandes construcciones que se están desarrollando en la costa Norte, que abarcan las inmediaciones del Parque Scalabrini Ortiz?
Los grandes desarrollos inmobiliarios atrasan. Están hechos con técnicas y visiones de hace 30 años. La idea del jardín con un edificio en el medio y reja alrededor y la desaparición de la vereda, hacen que el ciudadano que no es habitante de ese edificio o complejo no tenga nada que hacer o no encuentra nada que mejore o amplíe o complemente su vida.
Es una idea de ciudadano fragmentado, de la vida ciudadana obligado, como el personaje de The Truman Show, a hacer de ciudadano pero sin ejercer la opción. Los chicos no pueden entrar ni salir, no pasan taxis porque no hay puertas, no hay colectivos, no hay proveedores ambulantes, no hay comercios minoristas. Es una vida donde uno hace de ciudadano y tiene que adecuarse al libreto y el libreto es único.
Por eso digo que estos emprendimientos atrasan. Es mucho más interesante el proyecto de Condominios del Alto, porque eso hace a una ciudad vivible, caminable donde uno desde la vereda pueda hablar con un amigo desde una ventana, donde hay muchos ojos que miran la vereda y eso te da seguridad. Hay puertas, hay timbres.
Hay un paradigma superado que llega acá con retardo. Hoy en los lugares más progresistas se está planteando usar la ciudad que ya existe. No extenderla sino manejar la densidad como una estrategia de desarrollo y equilibrio urbano y no como una cuestión meramente de rendimiento económico.