Marcelo Villafañe es un arquitecto con más de 30 años de trayectoria. Trabajó durante algunos años en Buenos Aires, pero decidió establecerse en Rosario, la ciudad donde realizó sus primeras obras. Considera a la arquitectura como un arte.
En sus palabras: “La arquitectura se transforma en tal cuando se le saca una gota de arte a un objeto construido, que deja de ser solo eso. Esta disciplina no tiene cascaritas por dentro ni escenografías. Es tanto adentro como afuera una relación entre la forma de su construcción y la apariencia. La forma es el resultado y la combinación de situaciones que tienen que ver con la necesidad del cliente, con el uso que se le va a dar a ese espacio, con el tipo de ejecución.”
¿Cómo describiría su forma de trabajo, su estilo?
No se puede hablar de un estilo definido, el estilo es uno mismo. Defino mi arquitectura como anterior. Qué quiero decir con esto: yo pienso todos los días en la arquitectura, es mi vida. Trabajar una obra, ejecutarla es llevar a realidad un argumento que está anteriormente pensado, estudiado y que luego se va entramando, calza con la necesidad del cliente y se concreta.
Yo no creo en una arquitectura en la cual la discusión con el cliente dependa de la ubicación de una ventana. Hay que saber ofrecerle lo que quiere, la obra que uno ha concebido, tener la suficiente capacidad para admitirlo.
¿Puede reconocerse que una obra que hizo tal arquitecto o estudio?
Suele ocurrir que las obras transcienden las ideas de su ejecutor. Dependiendo del pedido del cliente, puede haber mezcla de formas y estilos. Por ejemplo, en Kentucky hice una casa neo española, de grandes ladrillos vistos, con tejas coloniales viejas, que la veo y me cuesta reconocer como un trabajo propio.
Apuesto por una forma de trabajo más accesible, más libre y permisiva. No creo en una obra única e irrepetible sino en una obra en donde se vayan viendo preocupaciones y algunos olvidos del arquitecto, no su presencia en todos lados. Cuando uno recorre la ciudad, se descubren partes olvidadas, partes de atrás que son mejores que el frente. Es en ese lugar del olvido o distracción donde aparece con toda su fuerza el inconsciente que es el que sabe, esa parte nuestra menos conocida y más sabia.
Hay veces que cuando la razón está presente, se trabaja tanto en el frente que termina siendo mejor la fachada más olvidada que la más pensada.En la arquitectura puede ocurrir lo mismo que con la pintura. Empezar un cuadro es fácil, el tema es saber cuando está terminado, para no terminar borroneando lo que se hizo.
En la concreción de un proyecto, ¿qué aspecto le parece más importante?
En mis treinta años de profesión fui entendiendo que lo esencial es la relación con el cliente. Una obra puede llevar un año de trabajo y durante ese tiempo hay un millón de elementos en juego. Por eso es fundamental entender que durante ese tiempo se debe cultivar esa relación con la otra persona. Trato de estar siempre en contacto con él, escucharlo y sugerirle de acuerdo a mi experiencia.
Por ejemplo, la casa Browm que está en Kentucky fue absolutamente conversada. El resultado no fue obra del arquitecto solo sino también de los propietarios. Hay que saber interpretar el pedido y ante la aparición de algún inconveniente, pensar de a dos las soluciones.Es como el ajedrez donde el arquitecto juega con la negras, entendiendo que quien inicia el juego es el dueño de la casa.
¿Cuál es su percepción de Rosario, teniendo en cuenta lo que se ha construido en los últimos años?
En la ciudad de Rosario fueron fundamentales las últimas cuatro intendencias, ya que fueron gobiernos honestos y laboriosos que hicieron de esta ciudad un ejemplo a nivel nacional. Fue muy importante la devolución de los terrenos del ferrocarril y el puerto para la gran apertura de Rosario.
En la parte edilicia creo que ha sido siempre una ciudad moderada en términos de expresión de arquitectura. Ha tenido una muy buena arquitectura en la década del 70. En los 80- 90 aparecen edificios muy vistosos pero a mi criterio muy malos. Algo parecido ocurre en los countries, donde pueden observarse casas que son casas y otras excesivamente vistosas. A pesar de todo considero que Rosario hoy está por encima de la mayoría de las ciudades más importantes del país.
¿Qué lectura puede hacer de los emprendimientos que se están levantando en lo que se denomina Puerto Norte?
Yo creo que el desarrollo de la costa frente al Parque de las Colectividades es la aparición del frente edilicio que hoy por hoy corre de alguna manera el eje de la ciudad, por la impresionante inversión del frente costero y es a partir de ahí un acierto el emprendimiento de Puerto Norte y un error muy grave el destino de Pichincha.
Lo pienso desde que es el lugar más degradado de Rosario centro y no permitir un código de altura y ocupación más libre, alienta a construir edificios en el segundo anillo de la ciudad que debería cuidarse más.
Es ahí donde la altura cobra un valor negativo al menos por los próximos años, dado que la inversión en obras de casas de envergadura hoy sufre problemas de vecindades con edificios en altura y con la consiguiente perdida de privacidad.
No creo demasiado en el urbanismo. Es una materia que ha tenido graves errores en la historia y creo que nada reemplaza el sentido común y la libertad y heterogeneidad que le es propia a la América toda. Quien puede adjudicarse el derecho de esgrimir el dibujo del perfil y forma de un edificio o de ponerle tantos metros de altura, es ridículo porque a una casa con patio y pileta una altura de trece metros es igual a que sean veinte.