Desde el momento en que la tierra se dejó de mover, constructoras e inmobiliarias se volvieron protagonistas de esta historia. Hubo de todo, desde pequeñas grietas y fisuras menores en algunas construcciones hasta edificios colapsados. Fue entonces cuando los dardos apuntaron de lleno al rubro de la construcción.
Muchas personas pospusieron su decisión de compra, surgió desconfianza en la calidad constructiva de los edificios y se generó una suerte de miedo colectivo a vivir en los pisos altos. Bajó la venta de departamentos y por el contrario aumentó la de las casas.
El gerente comercial de Aconcagua, Pablo Droguett, comenta que si bien eso permitió dar mayor velocidad de venta a las viviendas unifamiliares, en desmedro de los departamentos, la situación se volvió a normalizar poco a poco hasta llegar hoy a niveles normales. “La venta en edificios en altura durante el 2010 se concentró en pisos bajos, regularizándose a diciembre de ese mismo año”, indica.
Y pese a que el panorama fue complejo en un principio, el gerente general de Empresas Armas, Cristián Armas, cree que pese a todo lo negativo que pudo ser este escenario, hay cosas positivas que rescatar. “Este fue el fin las inmobiliarias desconocidas y sin respaldo, lo cual es bueno porque las que tenemos seriedad y trayectoria vimos respaldada la inversión necesaria para construir marca, cultura y respaldo”, asegura.
“El cliente de hoy es ultra exigente en la calidad, trayectoria y marca de quien está comprando. Ahora pregunta quiénes son los ingenieros, saben que un proyecto con disipadores sísmicos aguanta más y conocen a las empresas con mejores resultados”, indica Armas.
Fue así como el terremoto cambió muchas cosas en la industria. Una de ellas es que hoy en día las personas son mucho más acuciosas a la hora de elegir su próxima vivienda, y los inmobiliarios lo saben mejor que nadie.
“Hoy la gente se preocupa de saber cuáles fueron los daños que sufrió el edificio que está cotizando porque manejar esa información le ayuda a tomar la decisión final”, comenta el gerente general de Inmobilia, Andrés Munita.
Coincide con lo anterior, Cristian Armas, en cuanto a reafirmar que el cliente se ha vuelto más exigente y eso, en definitiva, ayuda a que los actores inmobiliarios se vuelvan más competitivos y rigurosos, incluso más que antes.
Cambios y aprendizaje
A causa del terremoto la normativa constructiva se está reformulando para adaptarse a las nuevas condiciones. ¿Cómo? Con una mayor seguridad sísmica. Y pese a que la regulación para edificar en Chile es una de las más exigentes del mundo, hay que seguir avanzando.
Algunas inmobiliarias concuerdan en que en el futuro estas nuevas normas estructurales elevarán los costos de la construcción. El gerente general de Molina Morel, José Molina, afirma que si bien no se han producido cambios significativos hasta ahora, la nueva reglamentación se reflejará tarde o temprano en los precios de los edificios nuevos.
“Los precios ya han subido un 3% y creo que subirán un 15% de aquí a junio de 2012”, dice también Cristián Armas, debido principalmente a los costos de la aplicación de las nuevas normas, la recuperación de los márgenes y la fuerte demanda.
Pero como el terremoto cambió la percepción de muchos chilenos, algunas inmobiliarias ya tomaron “el toro por las astas” y decidieron darles a sus clientes la seguridad que necesitan para vivir con tranquilidad. Por lo mismo, en Aconcagua quisieron aplicar disipadores sísmicos a Geocentro Agustinas, un proyecto habitacional de 36 pisos de altura. Según cuenta Droguett el efecto psicológico que tuvo el terremoto en las personas les produjo temor a vivir en las alturas, situación que de todas maneras se ha ido revirtiendo con el pasar de los meses.
“Esto nos llevó a incorporar tecnología que en la actualidad se utiliza básicamente en edificios de oficinas. Este mecanismo permite que los movimientos sísmicos sean percibidos por los propietarios de una forma más suave”, asegura el representante de Aconcagua.
Pese a todo, los expertos indican que la calidad constructiva en nuestro país es excelente, considerando que el nivel de destrucción en las edificaciones modernas fue más que satisfactorio luego de tener que soportar un sismo de 8.8 grados en la escala de Richter. Aunque no se pueden descartar las excepciones a la regla.
Para José Molina, la emergencia se enfrentó de buena manera y se destacó además por el apoyo y responsabilidad de la mayoría de los empresarios, “creo que el terremoto fue bien abordado”, dice refiriéndose a un negocio donde ya no basta con hacer un buen producto y venderlo, sino también devolverle la confianza a todos los actores implicados en el rubro.
Ha sido un año con vaivenes importantes, pero lleno de aprendizaje. Nos ha tocado aprender a golpes y como dice el gerente general de Molina Morel, “Chile es y será siempre un país sísmico, entonces hay que construir siempre pensando que mañana podemos tener un nuevo terremoto de grandes magnitudes”. Porque sólo basta con ver la historia y estar preparados.
Fuente: (Portalinmobiliario.com)