Mientras que los nuevos edificios obedecen a diseños ecológicos, el argumento económico no ha bastado para convencer a la mayoría de propietarios de los inmuebles ya existentes para que los transformen.
En los últimos años, los defensores de los edificios sostenibles han hecho, casi una cuestión de fe, sobre que los edificios sostenibles generan unas rentas más altas a sus propietarios y permiten ahorrar dinero a los inquilinos en las facturas de los servicios y suministros. Es decir, una situación en la que todos ganan.
El problema es que no hay muchas estadísticas que lo confirmen
A medida que se extiende la arquitectura sostenible, los edificios de oficinas que no lo son, cotizan con un descuento en relación a los verdes.
"Creemos que hay una relación entre la construcción sostenible y el valor. El desafío es cuantificarla", dijo Richard Holberton, Director de Investigación para la zona EMEA en la consultora CB Richard Ellis.
Algunos han tratado de cuantificar esa relación. Nils Kok, profesor de la Universidad de Maastricht , en los Países Bajos, publicó un estudio en mayo, que era el resultado de la comparación de 1.100 operaciones de alquiler en Holanda, obtenidas de las bases de datos de las consultoras inmobiliarias, CB Richard Ellis, DTZ Zadelhoff y Jones Lang Lasalle, llegando a la conclusión de que los precios de los edificios no sostenibles eran un 6,5 por ciento inferiores a los que si lo eran.
Pero la inversión en edificios sostenibles no ha sido fácil debido a la recesión económica. Desde que el mercado inmobiliario se estrelló en 2007, el arrendamiento de y la actividad inversora han disminuido tanto que los datos puede estar sesgados y no permiten extraer una clara distinción entre los edificios sostenibles y el resto del mercado, dijo Holberton de CB Richard Ellis.
Sin duda, la arquitectura ecológica se ha convertido en estándar en la nueva construcción. La Torre Generali, un edificio en construcción en el barrio de La Defense de París, generará electricidad con turbinas eólicas instaladas en la parte superior del edificio.
La nueva sede de BBVA, diseñado por los arquitectos suizos Herzog & de Meuron, que se está construyendo en Las Tablas, a las afueras de Madrid, prevé un ahorro de energía del 30 por ciento, un 35 por ciento de reducción en la emisión de gases de efecto invernadero, y el uso de hasta un 50 por ciento menos de agua, así como un ahorro del 70 por ciento en el tratamiento de residuos. Los edificios son de tres plantas, una especie de alfombra sobre el paisaje.
El caso de la inversión del BBVA, como propietario-ocupante, es clara, pero no lo es tanto para que los propietarios de edificios ya existentes, los transformen en sostenibles, porque deben estar convencidos de que los inquilinos están dispuestos a pagar una prima sobre la renta, por estar en un edificio verde, para justificar el coste de la transformación.
A estas dudas se añade el hecho de que existan dos certificados principales de sostenibilidad, Building Research Establishments Environmental Assessment Method, BREEAM y Leadership in Energy and Environmental Design, LEED.
Ambos certificados hacen algo más que medir la eficiencia energética y toman en consideración otros factores tales como la gestión de residuos, la calidad del aire y el acceso por transporte público.
Las empresas multinacionales tenderán a escoger una certificación que utilizarán en todo el mundo.
Fuente: Real State Press