Drazen Juraga es uno de los máximos exponentes de la arquitectura local. Desde su estudio ubicado en el emblemático Palacio Fuentes convierte en realidad proyectos de diferente envergadura. Fábricas, edificios, viviendas, hospitales forman parte de su trabajo, al que considera una diversión y un aprendizaje constante. En esta nota habla de lo que entiende por arquitectura, su carrera, la ciudad y los cambios que se han generado en el último tiempo.
¿Qué es lo que entiende por arquitectura?
La arquitectura es tal si existe. Lo demás son buenas intenciones, son entelequias. El hecho arquitectónico es un espacio, que debe ser construido. Creo que en algunas épocas los arquitectos se pierden en la especulación intelectual de qué es un hecho arquitectónico, una arquitectura con mayúscula y pierden de vista para qué sirve.
Para darle un concepto, considero que no es ciencia ni arte. Es un oficio dedicado a crear y conformar espacios que ponderen o exalten la función a la cual están destinados. Esta definición calza tanto a una catedral gótica como una escuela o baño.
Entonces la arquitectura está relacionada directamente con la función que se le atribuye...
Lo importante es entender que la obra transciende la función física. Se relaciona con la proyección espiritual, con el ambiente. Si se acepta eso como definición, se puede encontrar y construir arquitectura casi con cualquier pretexto.
Desde que cursé en la facultad tuve la posibilidad de entender dos cosas: entre especular o construir, opté por construir. A partir de ahí me fui convenciendo de que tiene que ser un hecho físico y mensurable, vivible.
¿Cuál es la experiencia que recoge a lo largo de estos años de profesión?
A mí me ha ido bien en algunas cosas, mal en otras pero siempre me he divertido muchísimo. Desde este estudio tuvimos trabajos muy diferentes. Desde industrias, edificios, casas hasta hospitales.
A lo largo de los años hemos ido construyendo, aprendiendo, cambiando el diseño en función de hechos constructivos y hemos encarado, a veces por vocación, otras veces por circunstancia o por encargo, casi todo el espectro de la arquitectura común.
Tuvimos la posibilidad de realizar construcciones bastantes atípicas como el edificio del peaje Rosario – Victoria, los de Telecom. Fueron proyectos pensados para ponderar la función a la cual están destinados.
Cuando usted nombraba una de las funciones de la arquitectura se refirió al ambiente. Precisamente, da la sensación que algunas construcciones de la ciudad no han respetado el entorno.
Creo que ese es un problema urbanístico que la ciudad debería regular. Pasa por ejemplo con los FONAVI, donde de golpe y porrazo aparecen grandes unidades de vivienda económica, en terrenos que muchas veces no tienen los servicios necesarios y están insertos en la trama de la ciudad.
Como contrapartida, en los últimos tiempos hubo una revalorización de la historia y el patrimonio de la ciudad. Una de las razones a la que atribuyo esto es la realización del Congreso de la Lengua que le permitió a los rosarinos recuperar su autoestima y enorgullecerse de la ciudad.
Sin embargo, no hay que conservar cualquier cosa y de cualquier manera como tampoco parar el avance. Pero si hay que mirar alrededor. Cuando vos construís tenés que mirar que hay al lado, porque la ciudad no es la suma de edificios, es un entorno.
Hubo un descuido de los arquitectos, la comunidad, y la municipalidad por preservar espacios comunes. Pero este es un problema cultural, en el que todos debemos trabajar. No es fácil, es cuestión de tiempo para que todos entendamos de qué se trata.
¿Cree que los proyectos que se están levantando en Puerto Norte se están haciendo teniendo ese respeto que usted menciona por el entorno?
El Proyecto Residencial del Puerto Norte, nace con el Plan Regulador de Rosario de 1967, Obedece básicamente a la necesidad de liberar a la Ciudad de la interferencia de los accesos al Puerto Norte. Mudar el Puerto Norte al Sur logró ese objetivo. Como todo en la vida, tuvo su costo. Pagamos con un Puerto caro, uno natural. El Puerto perdió, pero la Ciudad ganó. Quizás el precio no haya sido tan caro. A partir de esa y otras decisiones básicas, se repensó la Ciudad.
Cambiar un entorno portuario por uno Residencial, no fue tarea fácil. El emplazamiento de grandes torres, creó su propio entorno, cambió la cuadrícula, se liberó de las medianeras, ofreciendo nuevos espacios verdes y brindando nuevas oportunidades a los arquitectos a mostrar mejores condiciones de vida a los rosarinos.
En resumen, en mi opinión, la Urbanización del Puerto Norte no respetó el entorno existente, porque el motivo que lo conformó desapareció. Lo cambió.
Pero creo que la Ciudad ganó. No me merecen la misma opinión algunas obras de dimensión vertical desmedida, insertas, caprichosa e irrespetuosamente, dentro de un entorno urbano ya conformado y consolidado, al cual agrede.
¿Cómo calificaría el trabajo de las nuevas generaciones de arquitectos? ¿En qué se diferencia de los profesionales de su generación?
Estoy convencido que las nuevas generaciones siempre tienen algo nuevo que decir. Al decir nuevo no quiero calificar. Lo nuevo no es bueno, solo por nuevo, así como lo viejo no es “valioso y antiguo” solo por viejo. Envejecer no es una virtud, además de ser inevitable. Suele aportar experiencia, que si, siempre es valiosa. Pero la única manera de avanzar es proponer cosas nuevas.
En ese sentido estoy convencido que la nueva generación de Arquitectos ha aportado muchas “buenas obras”, entre las cuales se destacan algunas “Buenas Obras de Arquitectura”.
En cuanto a la diferencia que noto entre mi generación de Arquitectos y la actual es que en mi época reconocíamos a los Arquitectos por sus Obras. Las “buenas” tenían nombre y apellido. Hoy hay muchas “buenas”, cuyos autores son apenas conocidos y hasta francamente desconocidos….y hay cada vez más. El slogan “Rosario Ciudad hecha de Gente”, podría parafrasearse con “Rosario Ciudad hecha por sus Arquitectos”.