Los servicios que se destacan habitualmente son el quincho con parrilla, el salón de usos múltiples (SUM), la piscina, el solarium, el gimnasio, y dependiendo de la categoría de la obra, algún otro espacio común para los habitantes del edificio. La pregunta es si realmente la gente, cuando compra un departamento, valora estos servicios, y luego al habitarlo si los usa, o si es simplemente una moda o herramienta de marketing que se utiliza para la venta. Hay coincidencias en las definiciones sobre el tema. Los espacios comunes no surgieron por la demanda de los habitantes de los edificios, más allá de que siempre se valoró el tener una parrilla en la terraza de un departamento para continuar con hábitos muy arraigados.
Desde la década del 60:
Mariano Suárez Oneto, socio de la inmobiliaria Suárez Oneto de vasta trayectoria en barrio Martin, analiza y señala las diferencias que existen en el uso de estos espacios comunes en la actualidad con respecto a 30 o 40 años atrás. Suárez Oneto sostiene que hubo cambios de hábitos en las actividades de las familias.
“Quincho y piscina son dos servicios que se han trasformado en algo básico. Hay edificios que ofrecían estos amenities hace 30 o 40 años atrás, y en esa época la gente no los usaba demasiado. En la actualidad, los gustos han cambiado; dentro de lo que uno ve normalmente, la gente sí valora poseer estos servicios.” “Últimamente es muy común que el comprador de un departamento pregunte y se fije si el edificio posee este tipo de servicios. Valora que existan amenities donde vive. Es algo que se busca; la gente comienza a utilizar mucho más estas comodidades. Esta tipología no es nueva. En la ciudad, ya existían numerosos edificios de la década del 60 que tienen SUM o quinchos con usos más limitados. Pero hoy el mercado se amplió, al igual que las costumbres de los consumidores, por eso se ha ido transformando, y me atrevo a afirmar que los amenities son una necesidad”.
“El uso de estos espacios está reglamentado. Cualquier persona que ingrese al edificio no puede tener acceso a los mismos así porque sí. Ha habido cambios en las conductas de los consumidores y eso es algo que debemos tener en cuenta a la hora de ofrecer un producto”, destaca Suárez Oneto. Y agrega que “las actividades que antes se canalizaban a través de clubes o espacios al aire libre, ahora se resuelven con este tipo de servicios”.
A la pileta: madres con hijos
Horacio Recalde, titular de Recalde Inmobiliaria, afirma sobre las ventajas de los espacios comunes: “La gente valora el tener amenities y espacios comunes, especialmente si habitan unidades grandes, sin ser premium, de tres dormitorios, donde se supone que va a vivir una familia. Los espacios comunes no reemplazan a las actividades de la familia, como ir a un club, pero de algún modo es un detalle de confort que permite tener escapadas a la piscina o al solarium. Mi experiencia indica que sí se usa, realmente”.
Para Recalde, la implementación de estas comodidades incide en el valor de las expensas o gastos centrales. “La piscina lleva un cuidado, el quincho, el gimnasio y todo lo que tengan de maquinaria, requieren un mayor mantenimiento”. Y va más allá al afirmar que a los propietarios de edificios premium, no les gusta que los amenities sean demasiado concurridos.
“Es importante”, sostiene Recalde, “que el comprador mida, analice el tamaño del edificio en relación a los amenities. Hay edificios que están bien equilibrados en cuanto a la cantidad de gente que va a vivir y a la dimensión de los servicios que ofrece. Pero hay que tener en cuenta que son una moda. En general, creo que las piscinas son chicas. Hay excepciones, pero se supone que la gente no va toda junta, y también hay que considerar que está comprobado que los que más van a la pileta son las madres con los niños. En general es así: no van todos juntos, no se colapsa. Hay otra gente que prefiere elegir una actividad al aire libre y así se regula el consumo de estos servicios”.
“Es una moda que viene bien”, finaliza Horacio Recalde. “Le agrega calidad de vida a la gente. De algún modo empezaron los edificios premium a ser los que ofrecían este tipo de servicios, pero ahora se están instalando en edificios que no son de altísimo valor, lo que hace que más personas puedan acceder a estos detalles de confort”.
Una visión pragmática:
Algunos constructores que comercializan directamente sus productos tienen una visión bastante pragmática del asunto. Según lo expresado por empresarios del sector, existen los amenities que venden, y los que dan confort. Los que verdaderamente dan comodidad a la gente son el parrillero y el quincho, coinciden los constructores. Después vendría la piscina, que muchas veces por su reducida dimensión, no significa un verdadero confort. Pero está muy bien visto que el proyecto tenga piscina. Luego siguen los proyectos un poco más sofisticados, que incorporan hidromasaje, gimnasio y sauna.
Los constructores coinciden en que uno de los amenities que más se valora y se utiliza, es el solarium. Estos servicios son los que busca la gente en su mayoría; hay algunos casos en que no están seguros de por qué los buscan, pero igual los exigen.
Según coinciden los profesionales a la hora de vender un departamento, lo que más impacta en la gente es la piscina, aunque luego no la usen. La experiencia indica que a la mayoría de las personas les gusta ver en los renders la imagen de una piscina, aunque después utilicen más un quincho o una parrilla.
Conclusión:
Lo concreto es que a la hora de construir, estos servicios tienen una incidencia importante en el precio final de la obra. Pero a su vez, la oferta de diversos servicios logra que se seduzca a los inversores y que se venda más rápido. Si al comprador no se le brinda estos amenities, es muy probable que no invierta, aunque la realidad indique que son metros cuadrados que hay que construir de más, y que van a afectar indefectiblemente el precio final. Efectivamente: si hay amenities se vende mejor, pero también el valor del metro cuadrado es más caro.