Cientos de agencias inmobiliarias chinas se han visto obligados a echar el cierre en el último año. Las restricciones impuestas por el Gobierno para frenar la burbuja inmobiliaria han enfriado la demanda de viviendas y desplomado las ventas.
"El año pasado, cuando las cosas iban viento en popa, teníamos cada día a un centenar de personas entrando en nuestras oficinas", comenta el director de ventas de una consultora inmobiliaria a The New York Times. "Ahora tenemos a tres o cuatro y ninguna está comprando".
Una de las pocas burbujas inmobiliarias que todavía seguía inflándose en todo el mundo, ha comenzado finalmente a perder aire. Las transacciones inmobiliarias han caído tan rápido que, en las dos últimas semanas, cientos de agentes y consultores inmobiliarios se han quedado en la calle.
The New York Times pone nombre a esta realidad. Geland Real Estate, compañía que opera en Pekín, ha cerrado una quinta parte de sus cerca de 250 oficinas este año. "El negocio no va bien. Y no veo un pronta recuperación", comenta al diario su director de marketing. Por su parte, Centaline Property Agency, una consultora de gran tamaño en Asia con sus oficinas centrales en Hong Kong, se ha visto obligada a cerrar temporalmente 60 de sus 385 oficina en Shenzhen, una ciudad con 13 millones de habitantes. La compañía ha tenido que despedir a 1.000 de sus 8.000 empleados.
Fuerte descenso de la demanda
El Gobierno chino está impulsando deliberadamente a la baja los precios inmobiliarios con el objetivo de mejorar el acceso a una vivienda a los ciudadanos chinos e impedir que la burbuja inmobiliaria termine por estallar. A pesar de que las medidas están consiguiendo el efecto previsto, el primer ministro chino Wen Jiabao dijo la semana pasada que seguirán funcionando.
"Quiero dejar claro que las medidas para contener el mercado inmobiliariono van a cambiar. Nuestro objetivo es que los precios de las viviendas vuelvan a niveles razonable", dijo durante su visita a Rusia.
La demanda de viviendas y apartamentos no ha dejado de caer a lo largo y ancho el país después de que las autoridades chinas prohibieran la compra de segundas residencias, entre otras medidas.
Al mismo tiempo, los promotores se han visto sacudidos por la falta de fondos para la puesta en marcha de nuevos proyectos ya que el Gobierno incrementó los tipos de interés e impuso restricciones a los préstamos bancarios con el objetivo de frenar la inflación, mantener a raya los precios inmobiliarios y evitar la especulación. Asimismo, ha limitado el número de hipotecas que puede tener cada ciudadano a nivel individual, al tiempo que ha aumentado el down payment, esto es la cantidad mínima que debe aportar un comprador cuando adquiere una vivienda, hasta el 40% del total del crédito, con el objetivo de proteger al sector financiero.
El hecho de que los ciudadanos chinos deban tener ahorrado entre un 20% y un 40% del total de la vivienda puede parecer excesivo en otros países como Estados Unidos o España, pero no en China, con unas tasas de ahorro realmente elevadas.