Los arquitectos rosarinos Gerardo Caballero y Maite Fernández fueron premiados en la Bienal Internacional de Arquitectura BA11, que se llevó a cabo en el Centro Cultural Recoleta de la ciudad de Buenos Aires. Caballero fue distinguido con el Premio Bienal a la Arquitectura Argentina, en tanto que junto a su socia Maite Fernández recibió el Premio CICA de Arquitectura de la Vivienda Argentina.
El Comité Internacional de Críticos de Arquitectura reconoció el trabajo que realizaron con el Edificio Güemes, ubicado en calle Güemes al 2900 de Rosario, proyectado en 2006 y recientemente finalizado.
Durante la Bienal que se llevó a cabo del 8 al 30 de octubre, fueron galardonados también los rosarinos Mario Corea, Diego Arraigada y la Unidad de Proyectos Especiales.
“En la Bienal de Buenos Aires fuimos invitados a participar de una de las conferencias y a presentar cinco proyectos, que fueron expuestos como parte de la producción del estudio. Gracias a estos trabajos nos dieron el premio de a la Arquitectura Argentina y, a su vez, uno de esas obras, recibió el galardón de la Crítica del Jurado Internacional”, contó Gerardo Caballero en diálogo con Ciudad en Obras.
¿Cuáles son las razones que los jurados tomaron en cuenta al momento de premiar el trabajo del estudio?
En el caso del edificio Güemes entiendo que se valoró la calidad del trabajo, ya que es bastante meticuloso, está hecho de manera equilibrada y con bastante criterio. El edificio muestra un poco esa sencillez que es la que caracteriza la producción de nuestro estudio.
El Premio Bienal a la Arquitectura Argentina, que destaco como el más importante, se otorga a un conjunto de obras. En esta ocasión, además del edificio Güemes, presentamos otro que se encuentra en la esquina de Ricchieri y Brown, una casa de Puerto Roldán, el showroom que hicimos para bicicletas Rodas en Córdoba y un concesionario de maquinaria agrícola de San Genaro. Todo este trabajo muestra una coherencia, una línea conductora y un interés que los une. Hay una búsqueda de cierta pureza en las líneas y precisión en la geometría, en los aspectos constructivos.
Haciendo un recorrido por la Bienal, ¿se podría decir que hay alguna tendencia dentro de la diversidad de trabajos que se presentan arquitectos de todo el mundo?
Se puede ver una cierta tendencia a apreciar el trabajo que se hace sin despilfarrar. Con todo lo que ha pasado en el mundo y las sucesivas crisis, es tiempo de cuidar el medio ambiente y no derrochar recursos. Se busca hacer una obra que esté bien pero que no sea tan rimbombante. Creo que es algo que en Latinoamérica siempre se ha hecho, ya que estamos acostumbrados a trabajar con la escases. Es cierto también que en los países centrales hay más presupuesto y eso se nota.
¿Considera que lo que se está construyendo en Rosario sigue esa tendencia?
En esta ciudad hay muy buena arquitectura. Así como tiene buenos músicos, tiene buenos profesionales en este rubro. Hay una cierta mística e interés por la arquitectura, que existió siempre.
Obvio que habrá algunos que se interesan más por una arquitectura comercial, pero hay un grupo grande al que le interesa hacer ciudad a través de la arquitectura. Rosario siempre ha tenido una arquitectura más cuidada, reflexiva, menos evidente.
Los desarrollos que se están haciendo en la costa central, ¿guardan ese respeto por la ciudad y por una arquitectura más simple? ¿O priorizan lo comercial?
El respeto existe si te lo imponen, aunque sea un poco. La especulación privada siempre trata de sacar el mayor rédito y eso va en contra de otros intereses. Entonces, un proyecto que solo sigue un interés comercial, no alcanza. Obvio que esa especulación y ese capital ocupa los mejores lugares de la ciudad como la costa central o Puerto Norte.
Todo lo que se está haciendo allí inaugura un nuevo lugar. Creo que hay edificios mejores, otros peores. Depende de los arquitectos.
Pero también hay algo diferente: La ciudad siempre ha tenido una cuadrícula, la manzana, que es una cosa muy primaria y sofisticada a la vez, una repetición eterna de un cuadrado que absorbe todo. En una manzana vos podés encontrar una casa con patio, un supermercado, una estación de servicio, un edificio alto, una escuela, un gimnasio. Todo convive gracias a esta estructura urbana que lo contiene. Eso permite que la ciudad pueda absorber hasta malos edificios.
Entonces, cuando la estructura urbana no está, el edificio adquiere un valor importantísimo. Y eso es lo que ocurre en Puerto Norte. Al tener una forma diferente, las construcciones aparecen por sobre el lugar. Tienen una presencia individual. Todo está muy expuesto, muy desnudo. Y eso diferencia a esta zona del resto de la ciudad.
Desde mi punto de vista, todo lo que se está haciendo en Puerto Norte está bien. Pero creo que la ciudad tiene que volver a darle la espalda al río y mirar otras cosas. Como en otros lugares del continente, es una ciudad que tiene muchos contrastes. Uno puede ver diferentes realidades a muy poca distancia. Como el dinero busca el dinero, las inversiones se hacen en los lugares más rentables.
Según lo que han expresado empresarios del sector inmobiliario, por una cuestión también de rentabilidad, se están comenzando a construir edificios de altura en los barrios, ¿cuál es su opinión al respecto?
Acá ha habido un boom inmobiliario que ha tomado por sorpresa a mucha gente, entonces se revisó el Código de Edificación y como hay lugares en los que no se puede construir más, la inversión sigue y se empezó a dirigir hacia otras zonas.
Desde mi punto de vista, a la inversión un poco hay que guiarla. Si la administración pública no cuenta con recursos suficientes, se va construyendo con una inversión privada, que el Estado Municipal deberá dirigir hacia los lugares que necesitan de ese crecimiento. Si no, aparecen edificios en cualquier lado. Creo que se debería atraer la construcción hacia avenidas como 27 de Febrero, Francia, Boulevard Rondeau y sacar los edificios de propiedad horizontal de la calle común del barrio.
Cuando un hace algo, tiene que adaptarlo al terreno donde puede construir, pero después hay algo mayor a tener en cuenta, que es el contexto, lo que está enfrente, al lado. Si no, es una abstracción. Por eso hay que tener tiempo para pensar en lo que se va a proyectar.
El arquitecto portugués Álvaro Siza dice que la diferencia entre el Primer y el Tercer Mundo es que en el Tercer Mundo tenés un mes para pensar una idea que se concreta en cinco años y en el Primero, tenés un año para pensar lo que se levanta en un mes.
Bajo esta concepción, ¿cree que lo que se está haciendo en Puerto Norte resguarda un poco esta forma de trabajo del Primer Mundo?
En ese lugar se han hecho unidades de gestión. Nosotros hicimos el proyecto de Ciudad Ribera donde había una fábrica y un edificio que te daban indicios de cómo continuar lo que faltaba. Incluso se logró algo algo, que es lo mejor que tiene, como el hecho de ser abierto y contar con una plaza cívica.
Pero hay de todo, porque tiene otros proyectos que son más bien cerrados. Pero lo que persiste en común es el río que de por sí le da una amalgama al paisaje. Además, está más integrado a la ciudad, no va quedar como una isla, como puede ser Puerto Madero en Buenos Aires, donde tenés que entrar y salir.
Trasladándonos a otra parte de la ciudad, ¿qué uso se le debería dar al Batallón 121, que se encuentra en la parte más sur de Rosario?
Comparto la idea que creo que vino del Colegio de Arquitecto, que es la de incorporar vivienda. Siempre se piensa la ciudad con estos edificios que son paradigmáticos, pero Rosario también se construye con el tejido, las casas, por lo que creo necesario que en estos intersticios se incorpore la vivienda, para que no quede siempre cerca de Circunvalación.
Sé que los vecinos están en contra, por una cuestión de prejuicios, ya que lamentablemente se ha estigmatizado la vivienda de interés social o la vivienda pública como algo de muy mala calidad. Entonces se la relaciona a un lugar periférico, con calles de poca calidad, con pobreza.
Ocurre que la vivienda que hace el Estado en esta ciudad es muy mala, urbanamente, desde todo punto de vista. Hay viviendas para sectores medios que se están realizando y que deberían ser mucho mejores, sobre todo teniendo en cuenta que tenemos buenos arquitectos. No es una cuestión de plata. Sucede que en Rosario siempre se ha prestado atención al edificio espectacular, hecho por el gran arquitecto. Por eso digo que la ciudad no es solo eso.
Hablando de edificios de importancia, ¿qué ocurrirá con el Puerto de la Música?
Puerto de la Música está ahí. Es muy difícil entrar en el debate de si se debe hacer o no. Hay gente que cree que hay otras prioridades. También es verdad que fue hecho por un gran arquitecto, pero también se podría haber convocado a gente de Rosario.
Es una gran obra de un gran arquitecto y por ende era más previsible, uno ya sabe lo que va a ser. Me parece que es interesante donde está colocado, al final de la avenida, sobre la costa, donde se va a ver muy bien. También creo que si no se hace no va a pasar nada. Es una cosa que si está, mejor y si no, habrá que esperar. Son edificios caros, grandes, que no son sencillos de realizar, pero si hay una voluntad política, a la larga se terminará llevando a cabo