Hechos con la misma madera
La historia de Fontanarrosa Taller se origina allá por el año 1963 cuando el Arquitecto Guillermo Fontanarrosa fundó junto a un grupo de colegas lo que fue Forma Arquitectura. Este grupo de arquitectos, cambió los conceptos de lo que había en el mercado en aquella época en la que preponderaban los muebles de estilo, al tiempo que sumaron la actividad de la construcción y la decoración, tareas que desarrollaron con un sello racionalista.
A finales de los ’70 y frente a la escasez de carpinteros que ejecutaran correctamente las ideas del grupo, Forma comenzó a dedicarse a la fabricación de muebles, y así la empresa se dividió en Forma Arquitectura y Forma Industrial, dedicada ésta última al desarrollo exclusivo de muebles a cargo del Arq. Fontanarrosa
Por ese entonces, Guillermo Fontanarrosa hijo estudiaba arquitectura y desarrollaba locales para la marca de ropa Nasa, firma para la que trabajó en la parte de arquitectura por 10 años. A mediados de los ’90, frente a la gran demanda de trabajo Guillermo hijo se unió a Guillermo padre y allí comenzaron a explotar mayormente la idea de taller de muebles, sumando posteriormente la realización y el desarrollo de stands y nuevos servicios que fueron surgiendo frente a nuevas demandas.
Tiempo transcurrido, hoy Fontanarrosa es la única empresa rosarina y una de las pocas del país que trabaja de forma integral en el desarrollo de muebles, vestidores, placares a medida, baños, oficinas, aberturas especiales, puertas interiores, puertas placas, locales comerciales, stands comerciales, muestras y exposiciones de arte y museología.
Estilo propio, nada en serie:
El estilo de trabajo de Fontanarrosa, es tomar cada trabajo como un desafío. Nada de lo que producen es en serie y el proceso de trabajo consiste en escuchar la necesidad del cliente y ofrecerle una respuesta ajustada a su pedido. Por eso, hoy por hoy la empresa no tiene un stock o un local de venta al público, porque siguen preservando la idea de taller, de aplicar el concepto de arquitectura a los muebles y a las demás posibilidades, como construcciones, desarrollo de locales y stands.
Frente a una superabundancia de muebles estereotipados, Fontanarrosa se diferencia con el valor de lo único y por ello sus productos conservan ese aura frente a la reproductibilidad técnica de los objetos, concepto que hoy prima en el mercado.
La lógica de trabajo de la empresa opera a través una función de adaptabilidad a la demanda: el cliente hace el pedido y se elabora una propuesta, lo que los convierte en una suerte de “sastrería de mobiliario”.
Trabajos
Obedeciendo al juego de tratar de ofrecer y resolver lo que el mercado standard no tiene para entregar, han realizado obras tales como el equipamiento del Museo de Arte Contemporáneo de Rosario (Macro) para su inauguración, las tres muestras del Museo Castagnino “Los autores detrás del cuadro” auspiciadas por la Fundación Antorcha, el equipamiento del restaurant del aeropuerto de Fisherton y del local de Farina Rolls, así como trabajos únicos de carpintería en importantes viviendas del country Kentucky y Funes Hills.
Uno de los trabajos más importantes, fue sin duda el realizado en el 2004 en el marco del Congreso de la Lengua Española, cuando la empresa fue contratada directamente por el Servicio Exterior de Cultura Española dependiente del Ministerio de Cultura Español, para armar la muestra de Gómez de la Serna en el Museo Marc. En esta oportunidad, realizaron toda la infraestructura para soportar las muestras en un récord de 40 días, y fueron felicitados por superar las expectativas de los funcionarios españoles, quienes van llevando estas muestras de arte a diferentes puntos del mundo.
Los Consumidores:
Quien se acerca a la empresa con un pedido es porque quiere tener un producto diferente. Así lo perciben los dueños del taller, quienes sostienen que la gente que les pide trabajos rechaza los muebles que están replicados y repetidos en una inmensidad de locales comerciales.
Resaltan que antes, la gente compraba con un criterio intelectual: un mueble moderno debía ser para alguien que estuviera intelectualmente en concordancia con ese estilo, mientras que hoy, la compra es guiada por un criterio más comercial. Sin embargo, rescatan la convivencia de estilos que existe actualmente, y celebran la desaparición del mito que pregonaba que todos los muebles de una casa debían obedecer a un mismo estilo.
Aún así, marcan una diferencia entre tres grupos de consumidores, diferenciados fundamentalmente por las características etáreas: los jóvenes quieren algo que sea moderno y barato, muebles que tengan muy poco compromiso, cuestión que les permita cambiarlos rápidamente o reutilizarlos para diferentes funciones.
Quienes tienen un poco más de edad y rondan los 50, buscan algo mejor, con una onda que imprima un sello personal, pero buscan algo que les dure un tiempo importante y buscan calidad en torno a eso.
Por último, la gente mayor, compra por una cuestión de renovación y cambian los muebles que, en muchos casos, todavía están en buen estado pero han quedado desactualizados o antiguos.
Aún frente a esta renovación, los Fontanarrosa reconocen que estamos a años luz de Europa, adonde la gente cambia los muebles cada 3 años, mientras que en Argentina, tenemos que esperar que pasen 20 años para cambiar los sillones del living o abandonar la mesa de luz de los abuelos.