Arquitecto rosarino, egresado de la UNR, radicado en Bariloche desde 1984 adonde tiene un estudio junto a dos arquitectas, Rubén Ritondale analiza el crecimiento de Bariloche con críticas y reconocimientos; y desde el sur, mira el desarrollo de Rosario, su ciudad natal.
Rubén Ritondale es uno de los 300 arquitectos que ejercen la profesión en la ciudad de Bariloche y en uno de sus regresos a la ciudad que crece a orillas del Paraná, manifestó que si bien Bariloche siempre fue una ciudad turística, con la crisis del 2001 y el favorecimiento dado por el cambio de la moneda, la visita de turistas extranjeros es permanente y esto hizo que las temporadas de invierno y verano se equiparen en número de visitantes.
Asimismo, indicó que con la devaluación, las inversiones crecieron terriblemente y en cierto caso eso trajo un poco de desorden. Afortunadamente, desde la Municipalidad de Bariloche se ha establecido cierto orden a nivel de planeamiento urbano, lo que hace que se esté trabajando con continuidad de la mano de “arquitectos jóvenes con mucha polenta”, que traen una inyección de nuevas tendencias.
Acerca de este tema, -las nuevas tendencias y el estilo en las nuevas construcciones- el arquitecto marcó una lucha permanente entre el estilo “rústico” que representa a una ciudad de casas en las que hay un fuerte diálogo entre madera, piedra y vidrio y las nuevas arquitecturas de corte internacional. Ritondale sostuvo que lo que el mercado pide es ver las construcciones típicas que mantienen el estilo de Bariloche y que las edificaciones diferentes sólo se observan en casos de inversores que provienen de las grandes urbes –como Buenos Aires, Rosario y Córdoba- casos, en que trabajan con sus propios arquitectos y por eso, se nota una diferencia.
“En algunos casos las soluciones son felices y en otros no tanto. Además, como sólo cuenta la intencionalidad de trabajar y de mantener ese lenguaje estético tradicional, hay veces que no se logra. Creo que todavía estamos en la búsqueda de la identidad de la ciudad que pretendemos que sea”, agregó.
Saturación edilicia y escasez de cocheras:
En términos de nuevas edificaciones, el arquitecto señaló que el casco céntrico ya tiene “demasiados” edificios, estando al borde de la saturación. Otro dato a destacar es que hay mucha especulación de la tierra: los valores inmobiliarios han subido casi exageradamente, costando por ejemplo, màs de 1500 dólares en adelante el m2 en la zona céntrica. En este valor tiene mucha incidencia el costo de la tierra, que al no haber tantos terrenos disponibles, lo poco que hay es de valores elevados.
La saturación también encuentra otra causa en el crecimiento demográfico ocurrido en el último tiempo, ya que históricamente Bariloche tenía alrededor de 100 mil habitantes y hoy algunas encuestas ya hablan de 150 mil personas. Esto hace que, sin llegar al extremo de que la estructura colapse, haya determinados momentos picos en los que se generan problemas.
Por otra parte, a nivel servicios la ciudad presenta una gran falencia de estacionamientos, una ley general existente en todas las urbes. Entre las causas enumeró el buen momento económico y las distancias que son de un ejido urbano muy extenso, lo que hace que en muchos casos, una familia tenga más de un auto. “Esto ha hecho que crezca muy avanzadamente el parque automotor y hoy se genera ese tipo de problemática”, expuso Rubén Ritondale y manifestó su crítica hacia el ordenamiento de tránsito que se lleva a cabo en Bariloche, ya que “prevé los lugares de estacionamiento para colectivos, taxis, remises y cada vez resta más espacio a los particulares”.
Trazando una comparación con Rosario, -ciudad en la que también se vive esta problemática- , el arquitecto sostuvo que aquí siguen existiendo los baldíos que se re utilizan como garajes mientras que en Bariloche, la especulación de la tierra es tan grande que directamente, esos espacios se usan para nuevas construcciones. Comentó que actualmente el municipio ha normalizado la situación y señaló a ésta como una medida acertada ya que, los inversores privados no respetaban la ordenanza que exige que el 30% de la superficie que se construya deba estar destinada a cocheras.
El no tan lejano oeste:
Históricamente, Bariloche se extendía hacia el oeste, zona en la que se encuentran la mayoría de los circuitos turísticos. Ritondale explicó que antes, estos lugares quedaban alejados de la ciudad “pero hoy el área se encuentra prácticamente urbanizada”. Han aparecido barrios nuevos que junto a los viejos, ocuparon el 90% de los lotes. Por tal motivo, ahora se está restringiendo la construcción para esos lados, así como no exceder determinados niveles de altura debido al peligro que implica construir en una zona de montaña donde aún hay desmoronamientos y movimientos de suelo. “Sin embargo, encuentro una profunda contradicción en las disposiciones que no permiten construir en algunos lotes, cuando en realidad se trata de lotes que no deberían haberse loteado”, añadió sosteniendo que gran parte de la zona autóctona arbórea es prácticamente irrecuperable.
Además, el arquitecto trajo a la charla los recientes incendios ocurridos en EEUU, en las “zonas de interfase”, llamadas así por ser lugares en los que convive el hombre y la naturaleza. “Esta es una mezcla peligrosa”, dijo, recordando los incendios de las épocas de María Julia Alsogaray, y sosteniendo que con el antecedente de lo ocurrido recientemente en EEUU; sabemos que se puede repetir.